
Aunque existen (bastante raras) variedades de uva rosadas,
los vinos rosados y los claretes tienen un proceso de elaboración en el que las
uvas tintas tienen el papel principal.
Bastante menos populares que sus hermanos mejor definidos,
los vinos rosados y los “claretes“ son dos tipos de vino que tienden a
confundirse pero que poseen sendas personalidades y diferente origen.
Es importante indicar que rosados jamás son fruto
de la mezcla de vinos blancos y tintos ya elaborados. Esta práctica, común
hasta hace varios años, es (aparte de ilegal en la mayoría de países)
originaria de caldos desastrosos y poco recomendables.
Obtención
Los Vinos Rosados se obtienen de una ligera maceración de
uvas tintas, o mezcla de uvas blancas y tintas, previa a su fermentación. En
general, la mezcla de jugos y hollejos no deben fermentar o la fermentación
debe ser muy incipiente por lo que el mosto se colorea suavemente.

La ausencia de fermentación (y por consiguiente de alcohol) y calor, evita que los taninos contenidos en los hollejos, ramitas y semillas de la uva tinta se queden alli y no pasen al mosto. De esa forma el vino resultante será, simplificando un poco la cosa, ligeramente coloreado como un tinto pero fresco y brillante como un blanco.
Una vez que el ojo del enólogo determina que se ha alcanzado
la tonalidad adecuada, el mosto rosado se vinifíca como un vino blanco.
Características

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